Las fiestas en honor al santo mulato de América iniciaron en la mañana con la caravana festiva y la misa en el templo parroquial, presidida por el Pbro. Luis Izaguirre, en compañía de fieles y representantes de las instituciones educativas y el asilo de ancianos.
Al caer la tarde, continuando con la programación para la festividad, salió en procesión la venerada imagen de «Fray Escoba» por la vía principal, retornando a la iglesia para la eucaristía central, presidida por el Padre y Pastor de la Diócesis de Carúpano, Monseñor Jaime Villarroel, y concelebrada por los presbíteros Marvin Vivas, Luis Rodríguez, Jesús Villarroel, Luis Sánchez, Robert Acosta, Edwin Rodríguez y Luis Izaguirre.
Monseñor Jaime dedicó su homilía uno de los santos dominicos más conocidos del mundo: San Martín, quien en vida fue capaz de amar y servir a los más necesitados, aún siendo ridiculizado por sus orígenes y por algunos de sus hermanos en la congregación.
La humildad de este hombre fue reconocida por el Papa Juan XXIII, el responsable de que hoy la Iglesia universal conozca la grandeza de la gloria de Dios mostrada en la sencillez del fraile.
Como obsequio por parte del obispo, tomando por sorpresa a toda la parroquia, le fue entregada al Pbro. Marvin una reliquia de segundo grado de su patrono; una astilla de la cama donde reposó el cuerpo de San Martín antes de partir a la Jerusalén Celeste, enviada desde la congregación en Lima, Perú.
Este signo hizo retumbar el templo de la inmensa alegría manifestada por los fieles quienes, recibiendo la bendición final, dieron por culminada tan especial celebración.
Pastoral de Comunicación
