Representantes de la comunidad, niños, miembros del Grupo «Esperanza Viva», congregación «Sagrada Familia de Urgel» y todos los que se encuentran dentro de la hacienda, se alistaron para recibir al Señor Nuncio Apostólico junto a Monseñor Jaime Villarroel, obispo de la Diócesis de Carúpano, en Maturincito.
Con cantos, bailes y palabras de acogida, los niños le dieron la bienvenida a Monseñor Alberto, quien se dispuso a escuchar el testimonio de las monjas argentinas, que dejaron su país para servir en la Iglesia Particular de Carúpano con su trabajo en la escuela de la comunidad, acompañando tanto a los jóvenes locales como los internados en el proceso de rehabilitación de adicciones.
Acto seguido, los responsables de este lugar, de la mano con los internos, interpretaron el célebre himno de la Fazenda, para luego poner en contexto al Nuncio sobre qué es este sitio, cuál es su finalidad, de dónde surge este movimiento en Latinoamérica y a cuántos ha beneficiado, explicación reforzada con el testimonio de un joven que se halla en su tercer tiempo de rehabilitación, el cual ha sido, de acuerdo con lo dicho por el mismo joven, el que le ha ayudado a sentirse mucho mejor.
De igual manera, se procedió con la presentación del Grupo «Esperanza Viva», a través del cual se ayuda a los que están en estado de recuperación junto al trabajo con los familiares, y se apreció el testimonio de un «Embajador de Esperanza», que trata acerca de los que han salido de este proceso, dicho embajador hizo entrega de un cuadro pintado como presente para su Excelencia Monseñor Ortega, quien en su intervención final, reiteró el llamado a mantenerse firmes en Dios, a progresar con este servicio e impartió la bendición sobre todos los allí congregados.
Pastoral de Comunicación
